martes, 12 de abril de 2011
El engaño de las compañías eléctricas
martes, 5 de abril de 2011
China a la cabeza en energía eólica
"Cuando los vientos de cambio soplan, algunas personas construyen refugios, otras, molinos de viento".
Proverbio chino
martes, 29 de marzo de 2011
España gana la medalla de plata en La Hora del Planeta
Panorámica de la Torre del Oro, Sevilla.
Fuente: kuviajes.com
jueves, 17 de marzo de 2011
¿Energía nuclear sí o energía nuclear no?
domingo, 13 de marzo de 2011
Vídeo magnífico sobre la importancia de las relaciones en red entre las personas
lunes, 21 de febrero de 2011
Los peatones siempre tienen prioridad
Según lo que he podido informarme navengado por la web, con esta medida no sólo los peatones pasan a tener prioridad sino también las bicicletas, que ya no tendrán que circular pegadas a la derecha y podrán hacerlo por el centro de la calzada. También podrán circular por las aceras, compartiendo el mismo espacio que los peatones. ¿Qué les parece a los viandantes que los ciclistas transiten por las aceras? En Santiago de Compostela, según El Correo Gallego, lo tienen muy claro: no les hace ni pizca de gracia. Esto generará una polémica: si es necesario o no que los ayuntamientos cuenten con un registro de ciclistas y que se les deba exigir un seguro para poder pedirles responsabilidades en el caso de que fuera necesario. Esto no es todo. En la calle, muchos se quejan de que esta medida producirá en algunos centros urbanos más atascos y embotellamientos. Sin embargo, las cifras no dejan lugar a dudas: España es el país de Europa donde se producen más muertes por atropellos, 268 en en el año 2009, donde la mitad de las víctimas mortales se produjeron en vías urbanas. Dentro de España, la región que más accidentes registra es Andalucía, la causa, según el subsecretarío del Ministerio del Interior, Justo Zambrana, es el buen tiempo, que hace que la gente esté más en la calle. En Sevilla, la vía donde se producen más accidentes con heridos es Luis Montoto, registrando 42 siniestros con víctimas en 2010. Lo curioso es que la mitad de la responsabilidad de este tipo de accidentes es de los transeúntes por su mal-hacer a la hora de cruzar los pasos de peatones. El grupo que registra una mayor tasa de atropellos es el que integran los mayores de 65 años. ¿Es la reducción de la velocidad la única medida que pueden tomar los ayuntamientos para reducir la siniestralidad? Desde luego que no. Si casi la mitad de los atropellos se producen por la imprudencia de los peatones, es necesario que se implanten mayores medidas de concienciación en la ciudadanía para fomentar un mayor respeto hacia las normas de seguridad vial. Así mismo, en otras ocasiones, el estado de la calzada, la climatología o las condiciones de iluminación de la vía pueden convertirse en causas de un posible atropello. Resulte polémica la medida o no, lo que está claro es que en ciudades donde ya se ha implantado, como en Londres, las cifras de accidentes urbanos se han reducido sustancialmente, cayendo en un 40%.Y los efectos no son sólo favorables para la reducción de la siniestralidad. Esta medida pretende fomentar la movilidad sostenible y se persigue que en un futuro cercano la bicicleta se convirta en "medio de transporte no alternativo, sino preferente", según las palabras de Ramón Ledesma, subdirector de normativa de la DGT. ¿Qué os parece a vosotros esta modificación del Reglamento General de Circulación?
lunes, 8 de noviembre de 2010
¿Quién hace la luz?
En este reportaje de Cuatro se plantean preguntas a las que seguro no sabríamos dar respuesta a pesar de que todos sabemos que ocurre si apretamos el interruptor de la luz o si pulsamos el mando a distancia de la tele pero ¿quién hace la luz?....
http://play.cuatro.com/on-line/#/programas/reporteros-cuatro-rec/ver/quien-hace-la-luz
La energía que viene
La escasez de combustibles fósiles resultará palpable en unas pocas décadas. De hecho, es una de las causas del tiovivo tarifario que afecta a algunos de ellos y la principal responsable de que en los últimos años tanto las empresas como los consumidores hayamos tenido que rascarnos el bolsillo para poder pagar desde el transporte hasta el aire acondicionado.
China y la India dispararán el consumo de petróleo y gas
El Instituto Federal Alemán de Geociencias y Recursos Naturales calcula que la mitad de todas las existencias conocidas de petróleo se esfumará en poco más de veinte años. Peor aún, todos los analistas coinciden en que el consumo se disparará en los próximos lustros, especialmente cuando algunas superpotencias emergentes, como la India o China, incorporen plenamente la industrialización a sus economías. La Agencia Internacional de la Energía ofrece datos precisos: cada día se consumen 87,6 millones de barriles de petróleo –cada uno equivale a 158,99 litros–; y, previsiblemente, la demanda aumentará hasta los 115 millones de barriles en 2030. El tiempo se nos está echando encima y Martin Hoffert, catedrático de física en el Departamento de Ciencias Aplicadas de la Universidad de Nueva York, es taxativo al respecto: “Si no empezamos ya mismo a construir las infraestructuras que facilitarán la revolución energética que precisamos, no llegaremos a tiempo de afrontar la crisis que se avecina ni seremos capaces de solucionar el problema del cambio climático”.
Precisamente, la reducción de las emisiones que genera la producción de electricidad es una de las prioridades de la agenda medioambiental global. Para hacerlo, es preciso rediseñar cuanto antes la inmensa mayoría de las centrales térmicas, por cuyas chimeneas se escapa una auténtica catarata de dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno y CO2, un gas de efecto invernadero íntimamente ligado al calentamiento del planeta. El modelo a seguir es FutureGen, una superplanta localizada al otro lado del Atlántico, en Conles County (Illinois), que se inaugurará en 2012. Aunque se prevé que las instalaciones produzcan 275 megavatios –suficientes para alimentar a 275.000 hogares estadounidenses–, su valor añadido no es tanto su poder energético, sino sus reducidas emisiones, que serán cercanas a cero. La clave se halla en el secuestro del dióxido de carbono, una técnica que, en esencia, consiste en encapsular este compuesto a gran profundidad, en acuíferos salinos o en campos petrolíferos ya explotados, y almacenar los otros contaminantes en zonas seguras.
FutureGen será, además, un modelo de rendimiento energético. Y es que uno de los principales problemas de la generación de electricidad es la cantidad de energía que se derrocha en el proceso. Por ejemplo, en muchas de las plantas térmicas en las que se quema carbón, sólo se aprovecha el 38% del combustible. El resto se pierde. Las estimaciones del Instituto Fraunhofer señalan que el hecho de aumentar la eficiencia de una de estas plantas en sólo un 1% reduciría el consumo de la negra sustancia en 16.000 toneladas al año y el de emisiones de CO2 en otras 43.000. De momento, las más eficaces, de ciclo combinado, que utilizan turbinas de gas y vapor, alcanzan un rendimiento de alrededor del 52%.
El ahorro energético empieza en los propios hogares
¿Pero de verdad es posible abastecerse únicamente del sol, el agua o la biomasa? Por el momento, la fuente energética renovable más importante –y explotada– es la del viento, un campo en el que nuestro país es uno de los líderes mundiales. De hecho, según el observatorio de la Asociación Empresarial Eólica, la potencia instalada en España ronda los 17 gigavatios, una cantidad que sólo superan Alemania y EE UU. Aun así, sembrar un país con aerogeneradores tiene unas evidentes limitaciones físicas, por lo que ya se está volviendo la vista al mar, donde se instalarán las futuras generaciones de parques eólicos.
Alpha Ventus, el primero de estas características desarrollado en Alemania, está situado en el mar del Norte, a 45 kilómetros de la isla de Borkum. Sus 12 molinos, de unos 90 metros de altura y 116 de diámetro, se cuentan entre los mayores construidos hasta la fecha y podrán iluminar unos 50.000 hogares. Si todo va bien estarán plenamente operativos a finales de este año. En Dinamarca, el campo de Nysted, a 10 kilómetros del litoral, funciona desde 2003. Sus 72 turbinas nutren las necesidades de 145.000 viviendas. No muy lejos, en la costa de Jutlandia, el parque eólico marino Horns Rev acumula otras 80 turbinas con una potencia aún superior. En España, donde el Gobierno acaba de aprobar el Estudio Estratégico Ambiental del Litoral, cuyo objetivo es definir las zonas aptas para la instalación de parques eólicos marinos, se planea construir en los próximos años 31 de ellos, que generarán tanta electricidad como tres centrales nucleares. El problema es que muchos vecinos de Cádiz, Huelva, Almería, Murcia, Castellón, Tarragona, Galicia o Canarias, donde existen proyectos en fase de diseño, se oponen a ver la línea del horizonte salpicada de estos gigantes. Aunque no entrarán en funcionamiento antes de 2012, se contemplan 73 áreas eólicas marinas repartidas a lo largo de nuestras costas.
Las estimaciones de la Comisión Europea auguran que España podría tener 25,5 gigavatios de potencia marina eólica instalada en 2020, más de la que actualmente hay en tierra, y que sólo así nuestro país podrá alcanzar el objetivo fijado por este organismo que establece que en esa fecha el 20% de la energía que consumamos sea de origen renovable. La Asociación Europea de la Energía Eólica calcula que, cinco años después, los parques marinos generarán más puestos de trabajo que los terrestres. En total, el sector empleará a 370.000 profesionales.
A menos de 300 kilómetros del posible emplazamiento de uno de estos parques eólicos costeros, los rayos solares bañan cada mañana los 100.000 paneles de la planta fotovoltaica de Beneixama, una pequeña localidad del norte de Alicante. Los 165.000 metros cuadrados que ocupan convierten este parque de cristal y silicio, que anualmente produce unos 20 megavatios, en una de las mayores instalaciones de este tipo, algo nada despreciable, ya que la energía solar es el otro gran caballo de batalla en lo que se refiere a la producción de electricidad limpia. Y es que a largo plazo, sólo el Sol parece capaz de resolver nuestros problemas energéticos. No en vano, en sólo 40 minutos nos envía la energía equivalente al consumo del planeta durante un año... y gratis.
España cuenta con varias de las plantas más punteras del sector, y algunas de nuestras empresas se dedican a comercializar esta tecnología incluso en EE UU. Es el caso de la andaluza Abengoa Solar, que entre sus proyectos baraja la edificación en Arizona de Solana, una gigantesca planta de 280 megavatios. Si se concreta su construcción, se convertirá en la mayor instalación del mundo de estas características.
Ahora bien, dado que la rentabilidad de esta industria depende en gran medida de las horas de sol disponibles, algunos centros de investigación están enfocando sus esfuerzos en la mejora de los paneles y de los inversores fotovoltaicos, los dispositivos que convierten la corriente continua que se genera en ellos en alterna. Esta es, dicho sea de paso, la variedad apropiada para distribuirla a la red eléctrica.
En 2005, un grupo de físicos e ingenieros especializados en ciencias de los materiales de la Universidad de California y del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley dirigidos por el profesor Eicke R. Weber, demostró que era posible utilizar silicio en bruto, más barato, pero contaminado con partículas de hierro, para desarrollar células solares eficientes. Esto haría posible prescindir del caro silicio cristalino puro con el que hoy se construyen la mayoría de las celdillas solares.
¿Aún es necesario apostar por la fisión atómica?
Pero ojo, porque en esta carrera contrarreloj por reducir los gases contaminantes, la tan a menudo denostada energía nuclear aún puede tener una importante misión que cumplir. Según el Foro de la Industria Nuclear, esta garantiza el abastecimiento, frena las emisiones y reduce nuestra dependencia energética, por lo que ocupa un lugar insustituible en nuestro sistema eléctrico. Esta asociación, que agrupa a las empresas españolas relacionadas con el uso pacífico de este tipo de energía, señala quelos 438 reactores que funcionan en la actualidad producen el 17% de la electricidad mundial. Además, se encuentran en construcción otros 44 en Francia, Finlandia, Corea del Sur, China, la India y Rusia. Eso sí, el combustible del que se nutren no es ilimitado. Aunque para producir energía mediante reacciones nucleares de fisión pueden usarse isótopos de polonio, torio, plutonio o estroncio, el uranio-235 –el único fisionable que se encuentra en la naturaleza– es el más ampliamente utilizado en los reactores nucleares. De hecho, la Empresa Nacional de Uranio estima que sus reservas conocidas sólo podrán abastecer las centrales durante los próximos 80 años.
Así las cosas, algunos países ya ultiman la construcción de una nueva generación de reactores. Hablamos de los EPR, que son capaces de generar más electricidad –hasta 1.600 megavatios– pese a que consumirán menos combustible. Finlandia y Francia esperan que sus instalaciones en Olkiluoto y Flamanville respectivamente estén operativas entre 2011 y 2017.
Pese a todo, la polémica no abandona a estos ingenios. Si bien el presidente francés Nicolás Sarkozy ha querido dejar claro que cada unidad permitirá ahorrar hasta 2.000 millones de metros cúbicos de gas al año, cuando sustituya a una central de este tipo –y 11 millones de toneladas de CO2, si lo hace con una de carbón–, Greenpeace advierte que los residuos radiactivos que generarán serán siete veces más peligrosos que los de las plantas nucleares convencionales.
En Rusia, por su parte, la firma Málaya Energuétika ha planteado una opción más imaginativa que, eso sí, pone los pelos de punta a los conservacionistas: la construcción de grandes barcos que sirvan como auténticas centrales flotantes capaces de llevar energía eléctrica a las zonas más remotas del país. Aunque la seguridad de estas naves ha sido puesta en entredicho desde el primer momento por algunos colectivos, como la organización ecologista noruega Bellona, la primera de ellas, que llevará el nombre Académico Lomonósov, podría entrar en funcionamiento en algún momento del año 2010. El coste de esta embarcación-generador de 145 metros de largo superará los 260 millones de euros, pero según sus promotores podría suministrar electricidad a una ciudad de 250.000 habitantes y, además, funcionar como una planta calefactora y desaladora.
De una u otra forma, el mar parece esconder la llave de la revolución energética en marcha. En julio de 2008, empezó a funcionar en el norte de Irlanda SeaGen, la mayor turbina marina del mundo. Su generador, de 300 toneladas, se sirve de dos rotores gemelos de 16 metros que aprovechan la fuerza de las mareas. Así, es capaz de generar 1,2 megavatios, equivalente al suministro necesario para 1.000 hogares.
En un informe publicado por la revista Scientific American a propósito del empuje que quiere dar el presidente estadounidense Barack Obama para obtener más energía sin aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero, se indica que si la tecnología actual no es suficiente para reducirlas o no se aplica correctamente habrá que recurrir a un plan B. Este maratoniano cambio tecnológico incluye propuestas rayanas en la ciencia ficción: parques eólicos flotantes que aprovechen las corrientes a 10.000 metros de altura, paneles solares orbitales –una idea que investigó la NASA entre 1995 y 2003 y que la firma Solaren pretende explotar junto con PG&E, la mayor compañía energética de California, en 2016– o la utilización de microbios especialmente diseñados para transformar el CO2 generado por las plantas térmicas en gas natural reaprovechable. Quizá el caso más significativo es el de la tan esperada fusión nuclear, el Santo Grial de la energía. En teoría, una planta equipada con esta tecnología podría aprovechar la misma fuerza termonuclear que se da en el Sol para unir átomos en vez de dividirlos, como hace la mencionada fisión. Se calcula que de esta forma podría extraerse hasta un gigavatio de electricidad al día usando tan sólo unos poco kilos de combustible, básicamente litio y agua salada.
El resultado no podría ser mejor: energía barata que no produce gases contaminantes y sólo unos pocos desechos radiactivos de baja intensidad, de menos de un siglo de vida. Sobre el papel está muy bien, pero la cuestión es que no está claro que sea rentable o si quedará como mera curiosidad de laboratorio, ya que de momento la energía que se necesita para activar la reacción es mucho mayor que la que produce el proceso. Si todo va bien, el reactor internacional ITER que se está construyendo en el sur de Francia, empezará a realizar sus primeras operaciones en 2018. Aun así, tendrán que pasar otras dos décadas para saber si la fusión es viable.
A nadie pasa inadvertido que para aprovechar al máximo las fuentes de energía del futuro será preciso reestructurar a fondo la red eléctrica. Al final no se trata sólo de evitar las grandes pérdidas que la afectan en la actualidad, sino conseguir que, por ejemplo, los parques eólicos siberianos alimenten el aire acondicionado de Madrid o que los paneles solares de Australia se usen para iluminar EE UU. Las propuestas se multiplican, pero lo cierto es que, hoy por hoy, no existe una receta mágica para afrontar la latente crisis energética que algunos ya comparan con el fantasma de la Guerra Fría. Lo dice muy claro Michael Pacheco, director del Centro Nacional de Bionergía de EE UU: “Vamos a necesitar todo lo que podamos obtener de la biomasa, el sol, el viento… y la cuestión aún seguirá siendo si tendremos suficiente”.
martes, 2 de noviembre de 2010
RECONSUMIR
Esta es la primera entrada que se escribe, pero pretenden ser muchas más, como veréis a lo largo del texto.
Entrando en materia, ¿cómo no?, se empezará hablando de crisis. Aunque estemos muy, pero que muy hartos de ella.
“En estos tiempos difíciles que corren…”; ya está no hay más crisis que valga; las empresas eléctricas se erigen como los adalides del resurgimiento económico puesto que se ha abierto una pequeña brecha en la producción de energía eléctrica y “cualquiera” puede producirla con tan sólo pagar la instalación, “enchufarse” a la red y “verter” su producción; como si eso fuera tan fácil. De esto se podría hablar largo y tendido, lo haré en otra entrada.
Pero el problema se traslada a otro sitio, el consumo de la energía producida. Los habitantes de este país consumimos lo que consumimos y de la forma que lo consumimos. Como todo hijo de vecino, nos duchamos por la mañana y desayunamos en casa. Por la tarde cenamos también en casa, vemos un rato la tele, y lo hacemos “calentitos” si hace frio y “fresquitos” si hace calor. Eso no es ningún problema, pues para eso pagamos religiosamente nuestra factura de la electricidad. Y además lo sabe muy bien el gestor de la red eléctrica; Red Eléctrica Española, un nombre que describe bien a la empresa.
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El caso es que el viento, normalmente se produce por la noche y en esas horas no hay demanda suficiente, puesto que casi la mitad está cubierta por las centrales de generación nucleares; otro hilo para otro post.
Los vehículos eléctricos, por ahora, tienen muchas menos prestaciones que los de combustión interna. Aunque a este escollo sólo hay que dar tiempo, aún se sigue escuchando “tiene menos detalles que un panda”, se podría decir que tienes menos detalles que un Dacia, que lo publicitaban con la característica de que abría el maletero, como todos los coches. Pero es más barato de comprar.
Los sistemas eléctricos, a pesar de la subida de la electricidad son mucho más económicos a la hora de mantener, un precio por kilómetro más reducido y cómo no, son “verdes”.
Pienso que el precio de estos métodos de transporte en aún muy caro, y que se podría trabajar en abaratarlos. Los fabricantes chinos no son tontos, el precio de mercado manda. ¿Por qué valen los módulos fotovoltaicos mucho más baratos ahora que hace un par de años, siendo los mismos módulos?
Un saludo.
