Hace unos días el diario El País publicó en sus páginas de opinión un interesantísimo artículo sobre el funcionamiento de las tarifas eléctricas y la subida del precio de la luz. El pasado mes de enero la factura se incrementó en un 10% para el enfado e indignación de los ciudadanos. Sin entender muy bien por qué el ciudadano de a pie tiene que continuar siendo el que soporte la carga más pesada de esta crisis, muchos nos preguntamos el motivo de esta subida. Como siempre la respuesta está en los magnates de la energía, esos seres intolerantes que especulan con los recursos a su antojo y siempre para su propio beneficio. En España reciben el nombre de Iberdrola, Unión Fenosa y Endesa.
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El precio de la electricidad se fija en lo que se conoce como subasta CESUR (compra de energía para el Suministro de Último Recurso). En esta "subasta" se decide cuánto pagan los comercializadores por la electricidad y, en última instancia, el ciudadano de a pie. Jesús Mota, autor de la columna, afirma que este contradictorio sistema pone de manifiesto las incapacidades del Ministerio de Industria para identificar que la fijación de estas tarifas es corrupta y se inclina escandalosalemente hacia el lado de las compañías eléctricas. La citada "subasta" CESUR no es otra cosa que una convención de empresas que juegan a subirse los precios durante fechas y plazos prefijados para calcular el precio real. No es una auténtica subasta con productores por un lado y compradores por otro, sino que las propias empresas compran, venden y enmarañan los precios hasta dirigir a su conveniencia las subidas (ya que todas tienen ambos roles, el de productor y el de comprador). Esta subasta no sería sino la herencia de lo que el PP dejó en sus pasadas legislaturas, con sus concesiones a las eléctricas, y que el PSOE no ha sido capaz de desmontar. Aunque la palabra liberación ha sonado con fuerza, no ha sido lo suficientemente potente como para comenzar con la necesaria separación entre generación y comercialización.
Desde 1998, las empresas se han dedicado a acumular derechos de retribución, machacando de esta forma a la Administración para conseguir la titularización de esos derechos al precio que fuera, con la seguridad de que podrían imponer los sobrecostes que quisieran. Esto se conoce como "deficit tarifario", o lo que ellos quieren decir: que nos venden el precio de la luz más barato de lo que cuesta producirlo, por lo que el Gobierno emite año tras año unos bonos a las empresas para ir haciendo frente a la deuda. Pero, ¿cómo puede ser que este déficit siga existiendo si las compañías eléctricas cada año reportan mayores beneficios? El truco según Jesús Mota se encuentra entre los costes reconocidos (la mentira de las compañías) y los costes realmente incurridos, que son los que la opinión pública desconoce y desgraciadamente el Gobierno también.
Este periodista argumenta lo expuesto a través de diferentes datos: los costes de operación y mantenimiento de las centrales nucleares según el Foro Nuclear se situaron en 2010 en 20 € por megavatio/hora, pero el precio final que recibió la producción nuclear fue de 42, 12 €, es decir, 22,13 euros más, lo que lleva a recibir un beneficio de más de 1.300 millones de euros teniendo en cuenta la producción total. Lo mismo sucede con la hidroeléctrica, donde el beneficio llega casi a los 1.300 millones, por lo que existe en los costes de tarifas de ambas producciones un exceso de más de 2.650 millones de euros , cantidades que ingresan indebidamente en las arcas de las compañías, mientras que la tarifa de la luz sigue subiendo.
Si miramos a nuestros vecinos europeos, España se encuentra a la cabeza de los precios de la electricidad para el usuario final. Además cabe señalar que para las compañías hidroelécticas todos los saltos de agua y la construcción de las nucleares corrieron a cargo del Estado, por lo que no tienen gastos de amortización. A esto se unen las energías renovables. El viento es gratis, al igual que el sol, y sin embargo los consumidores no obtenemos la electricidad más barata, dado el caos de las concesiones autonómicas.
En esta nueva era donde se lucha por dar un gran impulso a las energías renovables, habría que tener en cuenta (además de sus beneficios en cuanto a energías no contaminantes) que constituyen un regalo de la naturaleza, por lo que su explotación debería repercutir de forma justa en los bolsillos de todos. Pero mientas el Gobierno de turno eche la vista hacia otro lado por desconocimiento o despropósito, el ciudadano medio será el que siga soportando las lacras del sistema.
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